Nuevos esquemas de productividad

 
El dicho: “No por mucho madrugar amanece más temprano” se puede aplicar al tema de rendimiento: ”No por mucho trabajar se obtienen mayores resultados”.

En una lista donde la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), evalúa a 38 países, México ocupa el segundo lugar cómo país trabajador, con 50 horas o más a la semana y el de menor rendimiento. O sea, somos muy trabajadores pero con pocos resultados.

Si llevamos estas cifras a nuestro ámbito de trabajo, nos preguntamos, ¿qué hace que se tengan resultados tan poco eficientes?

En México el artículo 123 de la Constitución de 1917, estableció la jornada laboral de ocho horas, derivada de una costumbre que llegó con la Revolución Industrial para maximizar la producción. Cuando se estableció este sistema, las condiciones y las necesidades eran otras. Actualmente seguimos teniendo el mismo esquema aunque el entorno ha cambiado y dista mucho de las condiciones  de hace 100 años.

En el mismo estudio la OCDE afirma, que los países más productivos actualmente, trabajan menos de ocho horas por día: Luxemburgo, Noruega, Australia y Suiza en los primeros cuatro lugares, con seis horas en promedio, por día. Su rendimiento económico está muy lejos de lo que se obtiene en México.

Para el investigador Benjamin Hardy, especializado en temas de productividad, en la variable tiempo, debemos de tomar en cuenta calidad vs cantidad.

Hablando del individuo promedio en nuestro país, las primeras horas del día deben estar enfocadas a los aspectos más creativos, porque son las horas en las que nuestro cerebro está más alerta y tiene más capacidad para enfrentar y solucionar problemas. Por supuesto que hay algunas personas que funcionan mejor en la noche y para ellas la solución es otra.

Calidad vs cantidad

La calidad en la concentración en estas primeras horas, es mucho mayor que conforme va avanzando el día. Estas primeras tres horas son primordiales. Por eso, hay que dejar para después el correo, las redes sociales, el ejercicio e incluso las juntas de trabajo. No hay que desperdiciar esa energía vital, en actividades que pueden posponerse para las horas de la tarde. Conforme pasen las semanas, el resultado positivo será evidente.

El concepto es simple: al principio de la jornada, desarrollar una actividad intelectual intensa, sin distracciones. Tres horas más tarde, practicar tareas que nos lleven a recuperar la energía gastada, de forma placentera. El resultado: un trabajo de mayor calidad con resultados sobresalientes.

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