«Nos vemos en Verona. Besos»

 
En una historia que me llegó por internet, un padre le leía a su hija de 5 años el cuento de Hansel y Gretel. Y en el momento en que los hermanitos se pierden en el bosque, empieza a anochecer y buscan las migajas de pan (que ya no estaban) para poder regresar a casa, el papá con voz grave le preguntó a la niña: ¿cómo harán ahora para regresar, están perdidos en el bosque y de noche? La niña le contestó tranquilamente: “Que le llamen a su papá por el celular”. Este hombre se dio cuenta, que para su hija nacida en el siglo de la tecnología digital, nunca existió una vida sin celular.

Vale la pena que reflexionemos: ¿qué habría sido de la literatura si el protagonista hubiera tenido un celular consigo? ¿la trama funciona si los personajes pueden hablarse desde cualquier lado?

Con un teléfono en las manos, Penélope ya no esperaría con incertidumbre el regreso de Ulises del combate. Con teléfono en la canasta, Caperucita llamaría a su abuelita a tiempo y la llegada del leñador ya no sería necesaria. Con un telefonito, el Coronel sí tiene quien le escriba. O por lo menos recibirá mensajes de texto aunque sean spam. Tom Sawyer no se perdería en el Misisipi gracias al GPS. El cochinito de la casa de madera le avisaría a su hermano que el lobo va para allá. Geppetto sabría que Pinocho no fue a la escuela porque lo alertaron de su ausencia en el salón de clases.

Una gran cantidad de historias en la literatura tienen conflicto por falta de comunicación, por el desencuentro y la distancia. Las historias clásicas existen gracias a la ausencia de la telefonía móvil. La obra más romántica de todos los tiempos, Romeo y Julieta, no hubiera sido trágica si los amantes se hubieran texteado: “Voy a fingir que estoy muerta pero en realidad no lo estoy. Nos vemos en Verona. Besos”.

Y me pregunto: ¿no nos estaremos privando de historias y relaciones extraordinarias por el uso exagerado de la tecnología? Nuestras historias están perdiendo brillo y nos estamos convirtiendo en personajes descuidados, vagos y negligentes.

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