Aprendiendo a delegar

 
Los líderes con experiencia saben cómo manejar diferentes asuntos a la vez, sin angustiarse y sin perder los estribos. Saben controlarse y dialogan con su equipo de trabajo. Es comprensible que uno se altere cuando los teléfonos no paran de sonar, el correo se desborda con cientos de mensajes que exigen respuesta inmediata. Colegas y miembros del equipo entran y salen de la oficina, esperando tener una directriz hacia dónde dirigirse.

Muchos líderes quieren saber cómo pueden ser más productivos, pero sienten que tienen que hacerlo ellos mismos por miedo a perder autoridad, no se atreven a delegar. Algunos con mayor confianza en ellos mismos, saben que pueden distribuir su tiempo de manera más segura y eficiente si delegan las tareas a su equipo. Saben que para crecer, hay que distribuir el trabajo entre sus miembros. Se acerca de forma individual, les describe el proyecto y les da un lugar dentro del equipo para que se sientan motivados y reconocidos. Quien delega debe saber comunicarse: saber establecer relaciones dentro del grupo y transmitir sus órdenes y decisiones de forma clara y efectiva.

Presencia y autoridad

Algunas sugerencias para que puedas delegar tareas y comunicarte mejor con tu equipo:

  1. Alimenta la relación. Los reconocimientos de manera personal fortalecen las relaciones. Un ejemplo: “Me impresionó mucho tu trabajo en la última evaluación. Tengo algunas ideas que pueden interesarte para incluirlas en tu proyecto”.
  2. Preséntate de forma inesperada: Hazte presente y ve directamente a lo que quieres: ¿Puedo compartir una idea para tu proyecto?
  3. Pide de forma personal: Tengo que presentar un proyecto especial y no tengo la información requerida. ¿Me podrías ayudar con eso?
  4. Haz una propuesta: “Creo que que sería una gran oportunidad para que aprendas a manejar este nuevo programa en la propuesta X que estamos desarrollando. ¿Quieres encargarte? Escucha los comentarios y da tu opinión al respecto.

Si te acercas a tu equipo con estas propuestas, será más fácil delegar y mostrarles que confías en ellos para que entre todos puedan lograr la meta.

Algunas ideas fueron tomadas del artículo de Carol Lampert, How to Delegate with Authority and Presence, publicado en 2010, en el blog ARIEL.

Nuevos esquemas de productividad

 
El dicho: “No por mucho madrugar amanece más temprano” se puede aplicar al tema de rendimiento: ”No por mucho trabajar se obtienen mayores resultados”.

En una lista donde la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), evalúa a 38 países, México ocupa el segundo lugar cómo país trabajador, con 50 horas o más a la semana y el de menor rendimiento. O sea, somos muy trabajadores pero con pocos resultados.

Si llevamos estas cifras a nuestro ámbito de trabajo, nos preguntamos, ¿qué hace que se tengan resultados tan poco eficientes?

En México el artículo 123 de la Constitución de 1917, estableció la jornada laboral de ocho horas, derivada de una costumbre que llegó con la Revolución Industrial para maximizar la producción. Cuando se estableció este sistema, las condiciones y las necesidades eran otras. Actualmente seguimos teniendo el mismo esquema aunque el entorno ha cambiado y dista mucho de las condiciones  de hace 100 años.

En el mismo estudio la OCDE afirma, que los países más productivos actualmente, trabajan menos de ocho horas por día: Luxemburgo, Noruega, Australia y Suiza en los primeros cuatro lugares, con seis horas en promedio, por día. Su rendimiento económico está muy lejos de lo que se obtiene en México.

Para el investigador Benjamin Hardy, especializado en temas de productividad, en la variable tiempo, debemos de tomar en cuenta calidad vs cantidad.

Hablando del individuo promedio en nuestro país, las primeras horas del día deben estar enfocadas a los aspectos más creativos, porque son las horas en las que nuestro cerebro está más alerta y tiene más capacidad para enfrentar y solucionar problemas. Por supuesto que hay algunas personas que funcionan mejor en la noche y para ellas la solución es otra.

Calidad vs cantidad

La calidad en la concentración en estas primeras horas, es mucho mayor que conforme va avanzando el día. Estas primeras tres horas son primordiales. Por eso, hay que dejar para después el correo, las redes sociales, el ejercicio e incluso las juntas de trabajo. No hay que desperdiciar esa energía vital, en actividades que pueden posponerse para las horas de la tarde. Conforme pasen las semanas, el resultado positivo será evidente.

El concepto es simple: al principio de la jornada, desarrollar una actividad intelectual intensa, sin distracciones. Tres horas más tarde, practicar tareas que nos lleven a recuperar la energía gastada, de forma placentera. El resultado: un trabajo de mayor calidad con resultados sobresalientes.

Ganar la guerra

 
“Los guerreros experimentados, primero ganan la batalla y después van a la guerra”, dice un viejo refrán chino. Muchos no saben porqué no tienen los resultados deseados si han hecho un gran esfuerzo y han seguido al pie de la letra lo que dicen los expertos. Si lo aplicamos a nuestro proyecto: las batallas son los objetivos y la guerra, la meta.

Debemos esperar el momento apropiado para celebrar el triunfo. La mayoría se emociona con un primer logro y organiza una celebración demasiado pronto. Como ya no sienten la misma presión, bajan la velocidad y pierden el impulso que habían logrado.

Seguramente conoces esa frase tan popular entre los aficionados al futbol: “jugaron como nunca y perdieron como siempre”. Se confían con un pequeño logro y dan por hecho que ya tienen el triunfo asegurado.

La tendencia a celebrar todo, se vuelve un hábito que nos hace perder de vista a dónde vamos. Las primeras victorias son importantes pero el objetivo principal es lo que importa; no dejes que te aparten de las victorias realmente importantes. Las celebraciones antes de tiempo deterioran la posibilidad de lograr la meta que nos hemos fijado.

“El guerrero experimentado no despega la vista del horizonte”

El éxito no sucede de la nada, no ocurre de forma espontánea. El éxito se obtiene a través de constancia y disciplina, con pequeños avances, que unidos a lo largo del tiempo, nos permiten llegar al objetivo.

“No celebres hasta que hayas llegado a la meta”

Cuando la presión te llegue a cansar y a desanimar, no olvides que tienes a la mano una herramienta muy efectiva: la constancia. Te sirve para mantener el ritmo, apretar el paso y lograr el avance que necesitas. La constancia te transforma en una persona de excelencia; haz uso de ella y llegarás a la ansiada meta con toda seguridad.

Y cuando el objetivo se haya logrado plenamente, celebra el triunfo como el guerrero que no se conformó con celebrar el triunfo de una batalla, si no que tuvo el temple suficiente, para seguir y lograr la victoria final.

Características de una buena voz

 
En muchas profesiones vales lo que sepas hacer con tu voz. En lugar de subir el volumen, prepárate y consolida tus argumentos.

Voz es el sonido que sale a través de la boca y también, voz es la forma que toman nuestros pensamientos cuando nos comunicarnos con los otros. La voz va mucho más allá de lo que percibimos cuando escuchamos a gente hablando o cantando. Hay voces chillonas, otras graves, claras, apacibles, débiles y voces fuertes.

En una presentación el manejo de la voz es primordial; puede ser nuestra aliada o nuestra detractora. Para hablar de forma eficiente, hay que empezar por una dinámica que nos ayude a sacar el máximo provecho de nuestro instrumento de presentación.

En primer lugar el énfasis y la fuerza que le damos a ciertas palabras, nos ayudan a poner la atención en determinadas ideas, debe de percibirse de manera natural pero contundente. La voz debe escucharse con suficiente energía para que envuelva a la audiencia y no que los escuchas tengan que hacer un esfuerzo para captar lo que el conductor está diciendo.

En el tono de voz, debe de percibirse emoción. Un orador cuya voz que se escucha con la misma modulación es “monótona», dificulta la comprensión en lugar de favorecerla.

El ritmo y la velocidad es primordial. Algunos oradores parecieran estar participando en una carrera de autos para llegar en primer lugar. La audiencia necesita variaciones en ritmo de lo que está escuchando, para mantener el interés; las variaciones son indispensables. Si estamos hablando de emociones, el ritmo debe de ser acorde a lo que describimos.

Mediante momentos de silencio, se crea un ambiente de suspenso que hace que el escucha regrese al presentador si por alguna razón se había distraído del tema. Las pausas y el silencio son herramientas que sirven para crear tensión, énfasis, suspenso, para establecer puentes entre dos ideas o para hacer una transición entre temas. El silencio cuando lo sabemos aplicar es un arma poderosa.

La calidad de voz, que es con lo que cada uno nace, es igualmente importante. Dos de las clasificaciones son: en cuanto a tono (grave o agudo) y por su intensidad (fuerte o débil). Para ser un buen presentador, que es lo que nos ocupa aquí, la voz de un orador debe de tener claridad y presencia para mantener el interés de la audiencia.

Si no tienes la voz que te gustaría, puedes desarrollarla con el entrenamiento adecuado. Para comenzar, te sugerimos la siguiente página: 7 ejercicios para mejorar la voz. https://www.youtube.com/watch?v=4lQoCP_wN6k, o, toma clases de canto.