La cultura en hospitales

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La necesidad de tener el control de lo que sucede a nuestro alrededor es algo inherente al ser humano. Cuando no lo tenemos, nuestra salud se puede ver alterada, nos pueden dar ataques de ansiedad y/o depresión.

Una de las situaciones en las que perdemos más fácilmente el control y nos sentimos vulnerables es cuando estamos enfermos o en espera de ser atendidos por un médico. Por más que sintamos que tenemos el control de nuestros pensamientos siempre hay una sensación de que algo puede salir mal. La incertidumbre aumenta, el control baja y nos vemos desvalidos como si fuéramos niños pequeños.

Los médicos y enfermeras muchas veces debido a la carga de trabajo que tienen no se toman el tiempo para explicarle al paciente que en pocos minutos (o no) serán atendidos y con ello bajar la ansiedad. Una forma de hacerle frente al nerviosismo del paciente es proporcionando información de manera empática  y situarlo en el aquí y el ahora: “usted es el siguiente en la lista de rayos x, en aproximadamente 30 minutos”. Ésta es una acción que no cuesta nada y baja la incertidumbre del paciente de forma notable. ¿Por qué es tan difícil que el personal hospitalario comprenda esto?

Y qué decir de cuando tenemos que ser hospitalizados. Desde el momento en que entramos, nos registran y hasta que nos asignen el cuarto en donde vamos a estar pasamos por momentos de impaciencia  e intranquilidad.

Otra situación que nos altera cuando estamos internados es la cantidad de ruido que hay por el transito constante de personas en el interior de un hospital. La Organización Mundial de la Salud dice que el nivel de ruido dentro de un hospital debe de ser algo parecido al de una biblioteca. La realidad es que se parece al de una cafetería en un centro comercial, en donde los empleados hablan a un volumen alto para comunicarse entre sí.

Este ambiente altera a los pacientes que deben de estar relajados para tener una pronta recuperación. En las puertas deberían tener letreros con la  leyenda: Silencio por favor, aquí hay una persona enferma. El estado de ánimo de los pacientes es fundamental para que se recuperen lo antes posible y regresen a su vida cotidiana.