Ganar la guerra

 
“Los guerreros experimentados, primero ganan la batalla y después van a la guerra”, dice un viejo refrán chino. Muchos no saben porqué no tienen los resultados deseados si han hecho un gran esfuerzo y han seguido al pie de la letra lo que dicen los expertos. Si lo aplicamos a nuestro proyecto: las batallas son los objetivos y la guerra, la meta.

Debemos esperar el momento apropiado para celebrar el triunfo. La mayoría se emociona con un primer logro y organiza una celebración demasiado pronto. Como ya no sienten la misma presión, bajan la velocidad y pierden el impulso que habían logrado.

Seguramente conoces esa frase tan popular entre los aficionados al futbol: “jugaron como nunca y perdieron como siempre”. Se confían con un pequeño logro y dan por hecho que ya tienen el triunfo asegurado.

La tendencia a celebrar todo, se vuelve un hábito que nos hace perder de vista a dónde vamos. Las primeras victorias son importantes pero el objetivo principal es lo que importa; no dejes que te aparten de las victorias realmente importantes. Las celebraciones antes de tiempo deterioran la posibilidad de lograr la meta que nos hemos fijado.

“El guerrero experimentado no despega la vista del horizonte”

El éxito no sucede de la nada, no ocurre de forma espontánea. El éxito se obtiene a través de constancia y disciplina, con pequeños avances, que unidos a lo largo del tiempo, nos permiten llegar al objetivo.

“No celebres hasta que hayas llegado a la meta”

Cuando la presión te llegue a cansar y a desanimar, no olvides que tienes a la mano una herramienta muy efectiva: la constancia. Te sirve para mantener el ritmo, apretar el paso y lograr el avance que necesitas. La constancia te transforma en una persona de excelencia; haz uso de ella y llegarás a la ansiada meta con toda seguridad.

Y cuando el objetivo se haya logrado plenamente, celebra el triunfo como el guerrero que no se conformó con celebrar el triunfo de una batalla, si no que tuvo el temple suficiente, para seguir y lograr la victoria final.